lunes, 15 de enero de 2018

Por qué hablamos de mediación


Durante la semana europea de la mediación surge un movimiento en las redes sociales con el objeto de divulgar la cultura de la mediación en todos y cada uno de los ámbitos en los que es aplicable.

Sabemos que la mediación es un procedimiento de resolución de conflictos en el que un tercero, neutral e imparcial, facilita el proceso de toma de decisiones de las personas que no son capaces de llegar a acuerdos dado el nivel de conflictividad existente en su relación.

Pero también sabemos que la mediación es algo más que crear un espacio o facilitar un diálogo entre dos o más personas.

Es un modo de vida, es una transformación del mundo tal cuál lo entendemos ahora.

En pleno siglo XXI necesitamos ser agentes del cambio, no podemos seguir pensando de la misma forma, no podemos seguir legitimando el uso de la violencia en ningún caso.

No podemos utilizar las redes sociales para realizar críticas destructivas o amenazar a todas aquellas personas que no piensen como nosotros.

Necesitamos humanizar las redes sociales, generar nuevas relaciones internacionales basadas en el diálogo, en la tolerancia y en el respeto hacia la diversidad. Todos somos humanos!

La mediación es una herramienta de transformación social, porque busca una justicia más allá de los tribunales, su justicia es social. Devuelve a las personas la capacidad de resolver sus propios conflictos.

La mediación es cultura de paz, es cultura colaborativa, es la cultura de sumar, juntos somos más fuertes.

Nos devuelve a los valores éticos y morales necesarios para liderar un país, una empresa, una familia.

La mediación es innovación al introducir la gestión de las emociones, nos permite ser consciente de la importancia de las mismas, de las dificultades que tenemos para poder expresarlas, de cómo nos afectan a nosotros mismos y en relación con los demás.

Debemos de ser emocionalmente responsables!

Mediación es equivalente a búsqueda de la felicidad, al ser capaz de gestionar mis emociones y las de los otros, desde una comunicación efectiva y unas relaciones satisfactorias, es la búsqueda del éxito entendiendo realmente qué pasos debemos dar para llegar al mismo, es la búsqueda de la humanidad trabajando desde la inteligencia colaborativa y desde la cultura de la paz.

Mediar es proporcionar el camino para que desde el bienestar personal se trabaje para y por un mundo mejor, la mediación nos proporciona las bases para seguir soñando.


martes, 2 de enero de 2018

Los buenos propósitos!


Comenzamos un año nuevo cargado de buenos propósitos!

Todos tenemos un listado de cosas que vamos a realizar, perder peso después de tantos dulces, volver o empezar a ir al gimnasio, dejar de hacer actividades poco saludables, comenzar a estudia un idioma, la lista es grande.

Pero en ocasiones confundimos nuestros propósitos con nuestros deseos, como viajar más o que nos toque la lotería, deseos y propósitos se entremezclan, por eso es fácil abandonarlos porque pensamos que al final todo depende del azar y de la buena o mala suerte. Sin pensar qué el éxito depende de nuestra voluntad y de nuestra actitud y determinación para llevar a cabo todas las cosas que queremos.

El éxito depende de nosotros, por tanto vamos a visualizar los objetivos que nos ayuden a pasar a la acción.

Pero también podemos ir en busca de nuestros sueños, soñando muy alto y bajando escalón a escalón, visualizando en cada momento qué acciones y qué actitudes o competencias necesitamos en cada momento para estar cada vez más y más cerca de nuestro sueño.

Por eso debemos aprender  a soñar a lo grande y a generar esa escalera que nos acerca desde la mirada más apreciativa, sabiendo que muchas veces subimos un escalón y bajamos dos.

Y es que desde el fracaso es dónde más se aprende, pero no a desanimarse o darse por vencido, sino para ser más fuerte a la hora de seguir subiendo las escaleras.

Nadie nos dijo que el camino es rápido y directo, sino más bien todo lo contrario, pero no llegaremos si no somos capaces de pensar qué pasos hemos de dar en cada momento para ir consiguiendo nuestros objetivos.

Propósitos o sueños, dependerán de la acción, del compromiso con nosotros mismos, de la determinación de que un bache o caída nos hace más fuerte y qué no importa el tiempo en que tardemos pero nuestros buenos propósitos nos ayudarán a estar más cerca de nuestros sueños.

Así que cuidado con lo que sueñas, porque puede cumplirse!

Ahora es momento de pasar a la acción, empieza por pequeñas metas, su logro te dará las alas necesarias para seguir soñando durante más tiempo.

Aprende de los errores, sin temor a equivocarte, nunca el fracaso fue mejor maestro.

Pidamos a los Reyes Magos, que no dejemos nunca de soñar, que siga en nosotros el niño que algún día fuimos, qué no dejemos de jugar, de reír, de amar. Queremos fuerza y determinación para seguir subiendo escalones y para cuando tengamos que bajar varios de golpe. 

Pidamos ser felices, aprendiendo a equivocarnos y abriendo nuestros corazones al perdón  y a la esperanza.

Pidamos paciencia para entender a los demás y no discutir tanto que nos deje sin energía.

Pidamos respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Pidamos esperanza para que podamos seguir cambiando nuestro alrededor.

Ampliemos la lista solicitando mayor tolerancia frente a la diversidad, aceptación de la misma, todos tenemos los mismos derechos y deberemos como personas.

Pidamos ser menos violentos y luchemos con toda nuestra intensidad en la búsqueda de un mundo más justo.

Pidamos a sus majestades y al nuevo año Paz!

Propósitos, sueños, deseos y peticiones, mezclados en la búsqueda de un mundo mejor.


martes, 26 de diciembre de 2017

La familia



Vivir tan rápido tiene sus inconvenientes, se nos olvida cada vez con mayor facilidad las cosas importantes de la vida!

La familia es lo importante, el tiempo que pasamos los unos con los otros.

Es fácil entrar en conflicto, discutir y dejar incluso de hablarnos. Pasar largos espacios de tiempo sin a penas dirigirnos una palabra.

Y es que en familia surgen muchas emociones, difíciles de controlar.

Pero cuando nos falta alguien sentimos entonces ese vacío difícil de rellenar. Es entonces cuando recuerdas lo importante que son las palabras, las que dijimos y las que no diremos nunca más.

Lo importante de los gestos, los que hicimos y los que nunca podremos hacer.

Y quedan nuestros recuerdos, al principio dolorosos y luego ante la lejanía menos pesados, algunos incluso divertidos. Pero quedan muchos.

Y en fechas especiales se agolpan los recuerdos y es que nada pasa por pasar, todo lo que hacemos lo hacemos en función de las cosas que hemos aprendido de aquellas personas que son para nosotros las personas más importantes. Y repites patrones, en cosas pequeñas, a penas insignificantes, en aquellas cosas que tienen para nosotros un gran valor sentimental.

Imitamos patrones, con gestos, con palabras, con hechos, todo es importante.

Y surgen los conflictos porque lo mío, lo de mi familia es lo más importante y porque los demás defienden la suya, sin importar si las cosas se han hecho de una forma o de otra.

Y cuando nacen los niños al final les educamos de la misma manera como nos han educado a nosotros, vamos repitiendo patrones. Y es entonces cuando realmente te das cuenta del peso e importancia de la familia, de su legado, de sus valores, de sus tradiciones y de cómo buscamos aferrarnos a esas tradiciones para que no desaparezcan nuestros recuerdos, las personas más importantes de nuestra vida, nuestras ilusiones y esperanzas, lo que nos identifica cómo personas, lo que nos da identidad.

Quizás no queramos perder nuestra esencia y por eso repetimos una y otra vez cómo nos han educado y quienes hemos sido, recuerdos de nuestra infancia que volvemos a repetir con nuestros hijos y luego con nuestros nietos. Recuerdos de lo que fuimos y somos, de lo que queremos ser.

La importancia de la familia reside en expresar nuestros sentimientos, nuestros valores, en pasar cada instante con los nuestros, aprovechando cada segundo de cada momento.

En familia no puede haber distancias!



martes, 28 de noviembre de 2017

Los sueños!


Cuántas veces hemos escuchado que no se pueden cumplir los sueños, que vivimos en un  mundo real no de fantasía, que hay que tener los pies sobre la tierra, que vivimos en un mundo muy difícil y que sólo el fuerte sobrevive.

Y a veces desde pequeños y otras desde mayores, se aniquilan nuestros sueños.

Pero no debemos renunciar nunca a aquellas cosas que nos entusiasman, que nos apasionan, porque nos ayudan a ser resilientes.

En la vida hay que buscar nuestros objetivos y metas, todo lo hacemos con un propósito, pero si perdemos el rumbo acabamos a la deriva.

Y es que estamos hechos de sueños!

Es imposible no soñar!

La actividad eléctrica del cerebro facilita en fase REM (movimientos oculares rápidos) la producción de sueños, siempre soñamos aunque no lo recordemos. Pero si se nos despierta en esta fase y se nos pregunta sobre los sueños podríamos narrarlos.

Freud decía que el mundo del insconsciente se encontraba en nuestros sueños, de ahí la necesidad de recurrir a su interpretación.

Soñamos lo que nos llama la atención durante el día y lo que nos gusta o nos gustaría hacer.

Al menos de noche nos permitimos soñar y en ocasiones desearíamos que aquello no terminase nunca!

De niños soñamos con ser personajes increíbles, ser una sirena, llegar hasta la luna, un sin fin de sueños que reproducimos en nuestros juegos, en la interacción con los otros, somos vaqueros, policías, maestros, arquitectos, nada escapa de nuestra imaginación.

Pero cuando vamos haciéndonos mayores, a veces nos cortan las alas con mensajes del tipo "no digas tonterías", "eso no tiene futuro", " de qué vas a comer". Y abandonamos la danza, la música, el arte, la filosofía, todo aquello que pensamos que no nos va a reportar éxito ni sustento para nuestra familia.

O somos nosotros los que nos las cortamos a través de diálogos internos "nunca serás capaz de hacer nada",  "no eres nadie, "no te engañes más", "soy demasiado mayor para..." y abandonamos nuestros sueños.

Entonces dejamos de vivir, perdemos la ilusión, hacemos cosas que en ocasiones nos hacen sentirnos bien, pero en otras sentimos un vacío.

Renunciar a nuestros sueños por nosotros mismos o por los demás, es autoengañarse, es negar nuestra propia existencia, aquello que nos da sentido, por lo que hemos nacido, por nuestras competencias y habilidades.

Y abandonamos porque el camino no es fácil, no es directo, requiere subir peldaños, pero también bajar, requiere tropezar y equivocarse. Requiere levantarse más fuerte y seguir adelante. Y la carga pesa, pero el camino sigue.

No abandones aquello que te permite vivir, gritar, sonreír!

Más tarde o más temprano los sueños terminan por cumplirse!


domingo, 12 de noviembre de 2017

Los niños necesitan jugar



En el Museo de las Ciencias de Valencia, se encuentra una exposición sobre Francesco Tonucci y 50 años de Educación.

Frato, como se le conoce a través de sus dibujos, como Psicopedagogo ha defendido siempre cómo debe de ser la Educación y las ciudades Educadoras.

Si hoy en día con la introducción de las nuevas tecnologías nuestra sociedad está cambiando, la pregunta es por qué seguimos haciendo las cosas de la misma manera.

Las competencias que se nos demandan hoy en pleno siglo XXI nada tienen que ver con la forma en la que estamos educando hoy a nuestros niños, se requiere capacidad y flexibilidad para adaptación al cambio, pensamiento divergente, creatividad, capacidad de resolución de problemas, empatía y gestión emocional.

¿Son estas las materias y asignaturas qué están recibiendo?

Vamos en búsqueda del talento, ¿pero en las escuelas sabemos potenciar el mismo?

Tonucci piensa que se sigue educando a todo el mundo por igual, en lugar de buscar y potenciar las habilidades y competencias de cada uno.

Lejos de potenciar la creatividad se les enseña lo mismo y de la misma manera, ¿podemos entonces hacer uso de las Tics?, ¿educamos para el fracaso?

El juego estimula la creatividad y mejora la socialización, el juego debería llegar a las aulas, las aulas deberían ser un lugar para que los niños sean felices, un lugar para reír, bailar y emocionarse con los otros, un lugar de creación, de inventos y deberíamos aprender nosotros los adultos de los niños. Las aulas no deberían tener mesas, deberíamos estar en círculos, para que nadie sea mejor ni peor a otros y no fomentar la competitividad de los alumnos.

El profesor debería ser sólo una guía y su principal labor sería escuchar a los alumnos, en un aprendizaje continuo, basado en la retroalimentación, dónde los unos aprendemos de los otros, pero existiera el reconocimiento de los demás.

El profesor debería permitir que el niño jugase en las aulas, el aprendizaje debe de ser divertido, aprovechando la capacidad de los niños para imaginar, se debería crear, debería salir de las aulas y generar espacios de aprendizaje nuevos y espacios de debate, que fomenten la flexibilidad y adaptación al cambio.

Los niños deberían jugar en casa, con sus padres y familiares, a construir, a crear con sus propias manos, pero también con las nuevas tecnologías, llevando las mismas a las aulas y haciendo uso de ellas en casa, de forma controlada y jugando y participando de las mismas.

El niños necesita ensuciarse, caerse y hacer la croqueta, ya que esa será la mejor enseñanza de toda su vida, caemos para aprender a levantarnos.

El juego les prepararía para enfrentarse a los errores y a los fracasos y superarlos con mayor éxito y creatividad.

¡Soñar es visualizar, visualizar es crear, crear es hacer!

Los trabajos del futuro aún no se han inventado, pero nosotros educamos a todos por igual.

Tonucci introduce el concepto de Ciudad Educadora, resaltando los Derechos de la Infancia, el de la protección y el del juego.

No se trata de devolver a los niños las ciudades, pero se trata de que las ciudades piensen en los niños desde su nacimiento y tengan en cuenta lo que quieren decir, ya que los niños, como nos dice Tonucci, son ciudadanos desde el momento de su nacimiento.

La pregunta es: ¿vamos a seguir educando del mismo modo?






domingo, 22 de octubre de 2017

Hacen falta soñadores


Hacen falta soñadores!

El mundo necesita personas que cuando caigan se levanten más fuertes!

Hacen falta personas que no se rindan, que continúen su camino a pesar de todos los obstáculos, que construyan escaleras con cada objeto que se ponga en su camino.

Que generen un ejercito cada vez más y más fuerte para luchar contra los problemas.

Que cada problema no sea un problema, que sea una solución.

Que con las críticas construyan una escalera, que les conduzca lo más lejos que se pueda llegar.

Hacen falta personas que piensan diferente, que crean que dos y dos no son cuatro, que sean capaces de ver lo que los demás no ven.

Necesitamos personas con visualización de futuro, que puedan imaginar, pensar y crear.

Hacen falta personas que se entusiasmen con lo que hacen, que regalen sonrisas y abrazos, que contagien su energía, que compartan emociones y generen olas emocionales.

Hacen falta personas que resuenen, que brillen en la oscuridad, que den luz a los otros.

Hace falta ilusionarse por las pequeñas cosas, sorprenderse de cada hecho que ocurra como si ocurriese por primera vez.

Necesitamos personas que lloren por aquello que les gusta, que griten de alegría, que bailen con su mocho, que canten a las siete, que lleguen al final del día sonriendo a pesar de lo cansados que están.

Hacen falta soñadores de ojos brillantes, que inventen lo que no esté inventado y a lo inventado le den la vuelta, es necesario el cambio de perspectiva, el giro de 360 grados, el cambio de realidad.

Necesitamos personas que hagan de cada adversidad un reto, un desafío ante lo imposible, que hagan de lo imposible una realidad.

Necesitamos personas con afán de superación, que se arriesguen a perder para luego ganar, que luchen por ellos y por los demás, que entiendan que los límites son mentales y que no existe nada imposible.

Hacen falta soñadores para cambiar la realidad, que sueñen a lo grande, que se ilusionen e ilusionen.

El mundo necesita de personas que crean que pueden cambiar el mundo!



lunes, 9 de octubre de 2017

La bondad


Hablar hoy de bondad en los tiempos que corren es complicado.
Parece más fácil seguir hablando de problemas, de dificultades de entendimiento y de falta de humanidad.
Pero las personas siempre estamos ahí cuando se nos necesita.
Es curioso pensar cómo las redes sociales nos alejan de la realidad y nos sumergen en otro mundo.
Pero es en la cercanía donde ocurren los milagros, es allí cuando te das cuenta que todos necesitamos un propósito, que nos gusta ser sociables, que a pesar de las redes, necesitamos compartir y experimentar.
Nos encanta sentir y hacer sentir al otro, reír, es una de esas emociones que cobran sentido en compañía.
Nos encanta hablar y sentirnos escuchados y descubrir que estamos más cerca que lejos y que compartir un buen café y una buena conversación nos enriquece el alma.
Muchas veces conoces personas en tu camino con las que compartes alguna vivencia particular, un curso, un viaje, alguien que dejará de formar parte de tu vida, en el momento en el que finalice la experiencia, pero se queda la bondad.
Se queda la sonrisa, se queda una mirada cariñosa, una dulce palabra.
Se queda el abrazo sentido, el me alegro de verte o espero verte pronto.
Se queda el gracias y encantado, ha sido un placer.
Se queda el sabor amargo del café y dulce de la conversación. Se queda el te escribo y hablamos.
A lo largo del camino nos cruzamos, personas y más personas con historias diferentes y todas ellas cargadas de bondad.
Y es entonces cuando te das cuenta que nos encanta compartir y sentir, que somos seres sociales y que necesitamos a los demás para poder compartir y colaborar.
También en mediación debemos fomentar la bondad de todas aquellas personas que necesitan sentir y sentirse escuchados.
La bondad se hace fuerte con el uso de las palabras bondadosas.
Aquellas que suenan a respeto y a reconocimiento del otro, a dar valor a las personas y a nosotros mismos. Aquellas que nos humanizan y dan sentido a nuestra existencia.