lunes, 1 de mayo de 2017

El Director de Miedos


Hace unos días en Linkedin escuché a propósito de una conferencia, la idea de la existencia del Director de Miedos en la empresa. En el debate algunas personas expresaban que era muy recomendable que se creara esta figura y esto me hizo reflexionar sobre esta idea y mi conclusión se muestra a continuación.

El Director de Miedos ya existe lo importante en este momento es su implantación en las empresas y organizaciones, el Director de Miedos es un mediador, un especialista en gestionar las emociones y entre ellas una de las más difíciles y más humanas de todas, el miedo.

Es cierto que si hiciésemos nuestra presentación como el Director de Miedos, nos mirarían en las empresas pensando que estamos locos, ya que se niegan la existencia de las emociones en las organizaciones y mucho más las negativas.

La creencia más generalizada es que no existe el miedo, nosotros no tenemos miedo, mucho menos nuestros empleados, por tanto no necesitamos semejante profesión.

Pero si hay una emoción más presente en nuestros directivos, en nuestros trabajadores, es el miedo.

Por ser una de las reacciones más humanas, la búsqueda de nuestra supervivencia.
A la hora de relacionarme con nuestros compañeros en las empresas y organizaciones lo hacemos a través de interacciones y dinámicas de comunicación relacionales o sistémicas, luego si alguien tiene miedo, si la empresa ejerce presiones que generan miedo e inseguridad, el efecto dominó influirá en el funcionamiento de toda la organización, ya que el todo es la suma de sus partes.

Una organización que vive y genera miedo, paraliza y limita a sus trabajadores, impide su crecimiento y su desarrollo.

Una sociedad que ejerce miedo sobre el mercado de trabajo, genera miedo en las organizaciones, que a su vez ejerce miedo en el trabajador.

Los trabajadores pueden tener sus propios miedos y también transmitirlos a los demás, pero si se transmiten desde arriba no generarán respeto sino miedo, provocando actitudes sumisas y de indefensión en los trabajadores o actitudes violentas contra la organización que limita su crecimiento.

El Director de Miedos es pues un mediador y gestor de emociones, tan necesario en las empresas como el oxígeno que somos capaces de gestionar.

Cualquiera no puede ser Director, ya que se requiere capacidad de liderazgo, siendo el líder aquel que tiene seguidores.

Las características necesarias para ser un buen Director de Miedos es saber escuchar y empatizar con las personas, aceptarlas incondicionamente. Es una persona que proporciona las bases para la reflexión y el entendimiento. Qué conoce el funcionamiento de nuestro cerebro y la Psicología de las emociones. Domina el arte de informar, de dialogar y de negociar. Es aquel que genera respeto, que reconoce cada una de las emociones, que las contiene, las ignora o las hace aflorar.

Aquella persona que se adelanta al comportamiento de los otros, que domina la comunicación y la escucha activa.

A pesar de nuestra continua negación hacia las emociones y su relación con las organizaciones, no podemos olvidar que innovación es emoción. Sin emociones no somos capaces de explicar el funcionamiento de nuestra existencia, como tampoco podemos explicar el funcionamiento de nuestras organizaciones, nuestros departamentos, o de nuestros trabajadores, desde las empresas más pequeñas hasta las más grandes.

La profesión del futuro es el Director de Miedos, ya que son muchos los desafíos que nos esperan.

jueves, 20 de abril de 2017

Innovación empresarial es equivalente a mediación


Hablar de innovación empresarial es hablar de mediación.

Hoy en día las empresas se enfrentan continuamente a grandes cambios muchos de ellos derivados por la introducción de las nuevas tecnologías, que abre un mundo infinito de posibilidades en el mercado.

Pero las nuevas tecnologías facilitan un avance vertiginoso que nos sitúa en ocasiones en una posición difícil de gestionar.

El componente fundamental de las empresas son las personas. Nos encontramos ante una nueva realidad la introducción en el mundo empresarial de la inteligencia artificial y la convivencia de hasta cinco generaciones de trabajadores.

Si la base fundamental son las personas, la comunicación interpersonal es imprescindible.

Las nuevas tecnologías deberían de servirnos para facilitar esa comunicación y relación que facilita el trabajo en equipo y la coordinación entre diferentes unidades de trabajo.

Pero la pregunta es si psicológicamente estamos preparados para convivir con los cambios, adaptarnos a la nueva realidad y trabajar con cuatro generaciones diferentes a la nuestra. 

Si además entendemos que cada vez más a vivir más años y con siendo más jóvenes, permaneceremos más tiempo en el lugar de trabajo ¿cómo seremos capaces de adaptarnos desde el punto de vista evolutivo y mental? ¿Estamos entrenados para ello?

En ocasiones pensamos que estamos perdiendo tiempo si no hacemos algo realmente productivo, el envejecimiento también es mental, en ocasiones tenemos verdaderos problemas para disfrutar de las situaciones y permitirnos relajarnos.

Las enfermedades a la cabeza del siglo XXI son la depresión y la ansiedad.
Nuestro organismo es espejo del paso del tiempo, pero también de todas las cosas que nos han ocurrido, así como de nuestra manera de interpretar la realidad. 

Innovación empresarial es innovación emocional, volviendo a las personas y a la comunicación, nuestra comunicación es emocional, va unida a lo que yo siento conmigo mismo y con el otro.

Nos sentimos lo suficientemente adaptados a la realidad empresarial para generar emociones positivas, que nos permitan ser resilientes ante las diferentes situaciones, enfrentarnos al fracaso y tolerar las diferencias.

Somos capaces de expresas las emociones y gestionar las emociones del otro, ante una realidad tan cambiante.

Son muchos los retos a enfrentar pero no podemos olvidar que el desarrollo de la inteligencia artificial va unida al desarrollo de la inteligencia emocional. El desarrollo de la inteligencia emocional va unido al desarrollo de herramientas como la mediación que facilite la innovación.

viernes, 31 de marzo de 2017

¡Si tuviera alas volaría!


Uno siempre la necesidad de volar cuando las personas acarician tu corazón.

¡Siempre hay que sentirse agradecido y en la vida descubres que cuánto más das más recibes!

Y es que la vida te va regalando personas que se van cruzando en tu camino no por casualidad sino por sinergia.

Siento estas semanas unas ganas tremendas de volar y las siento a través de las palabras que se dicen y de las que no se dicen.

Desde el alumno que te expresa en su mirada el reconocimiento de un trabajo bien hecho, el que viene a final de tu clase y te pide un abrazo, o se acerca y te dice que hoy has impartido la mejor clase.

Siento que vuelo cuando una persona se me acerca y me pide su consejo o que le ayude a ayudar a otros.

Estoy volando cuando con el paso de los años, las personas que conoces te escriben, te llaman, te tienen en su recuerdo, ya pase un año, dos o más, ya sabemos que hay personas que te acarician el alma.

Nos es tanto lo qué tú das si no lo que recibes, cuando conoces tantas y tantas historias, cuando te has emocionado con ellos, ayudándoles a mantenerla calma, cuando sientes que ya no te necesitan porque son capaces de volar solos.

Esa confianza en tu persona, en tu trabajo, que deja en tus manos a sus hijos, sus familiares más cercanos que te buscan para agradecer todo lo qué has hecho, cuando sabes que en realidad no has hecho nada, que son ellos los que buscan su camino.

Tengo alas cuando recibo el cariño y la ternura de los que me quieren y me aprecian, de las verdaderas amistades, de aquellos que saben que tú estás  ahí y ellos estarán siempre.

Tengo alas gracias a todos los que confían y me permiten soñar con la Psicología y con la Mediación, que me aportan energía suficiente para seguir soñando y agradeciendo eternamente a todos y cada uno de vosotros que día tras día me dais alas.

martes, 21 de marzo de 2017

Silencio en el campo


Llama poderosamente la atención la actitud de los padres en los campos de fútbol y en otros encuentros deportivos infantiles.

Esta imagen de violencia asociada al deporte infantil realmente es muy grave, ya que el deporte debe de ir acompañado siempre de valores.

El deporte es fuente de salud y es un principio de cooperación y de trabajo en equipo.

Dentro de la cultura del esfuerzo, en los equipos prevalece la importancia del trabajo de los compañeros, el aprendizaje cooperativo y la ayuda a los demás.

Los niños son ejemplo de perseverancia y de ilusión por lo que hacen, se divierten y al mismo tiempo se esfuerzan al máximo en lo que hacen.

Los niños son un ejemplo para los padres de integración.

En un encuentro de natación nos sorprendió gratamente a los padres observar cómo los niños aplaudían con fuerza y animaban a un niño que nadaba mucho más lentamente que los demás debido a su discapacidad.

Los niños entienden desde el principio las normas del juego, todos son iguales y todos son importantes para conseguir sus metas.

En los equipos infantiles es muy importante el ganar-ganar, siempre velar por el interés grupal.

Estos equipos en los campos de entrenamiento, crearán después equipos de trabajo en las empresas, de ahí la importancia del aprendizaje en valores desde la infancia.

Pero los padres a veces frustrados por sus sueños infantiles o por sus ilusiones de tener en casa un ídolo deportista, olvidan lo verdaderamente importante, que además de hacer deporte y llevar una vida sana, los deportes fomentan la amistad y el trabajo en equipo.

Por eso pedimos silencio en los campos, porque los protagonistas son los niños, porque no hay buenos y malos, porque todos somos iguales y tenemos los mismos derechos.

Pedimos silencio ante la violencia verbal y física injustificada.

Los niños son lo que ven y lo que ven es violencia, luego de ellos sólo podemos esperar que aprendan a comportarse como sus padres cuando sean mayores y acaben repitiendo patrones con sus hijos el día de mañana.

La mediación debe de estar presente en todos los ámbitos deportivos, porque lo que debe de fomentarse es el silencio, el silencio es muestra de respeto.

El principal valor es el RESPETO.

Nuestros niños son nuestro futuro, RESPETO.


jueves, 9 de marzo de 2017

Nos hacemos pequeñitas


Si observamos el comportamiento de los niños y niñas hasta los cinco años de edad no vemos ni sentimos ninguna diferencia en su comportamiento, es a partir de los cinco cuando vamos a empezar a hablar de diferencias.

A partir de los cinco años las mujeres nos hacemos pequeñitas, empezamos actuar más que como somos o como queremos ser, como se espera culturalmente que seamos.

Dejamos de participar activamente en algunos juegos o dinámicas en las que pensamos que eso no es para nosotras, porque no somos lo suficientemente fuertes.

Los mensajes y el lenguaje negativo que recibimos de los demás durante el desarrollo de nuestra infancia es fundamental: "no sirves para nada", "para que vas a estudiar si luego no vas a poder trabajar", "no haces bien las cosas", "tú lo que tienes que hacer es encontrar a buen chico", "debes formar una familia".

Y entramos en un mundo de complejos, no somos lo suficientemente buenas, guapas, elegantes, cariñosas, trabajadoras, educadas, bien formadas.

Y buscamos modelos sociales que nos apartan de la realidad.

Cuando llegamos a la adolescencia, surgen los conflictos al no ser y saber quienes somos realmente y cuál es nuestro principal papel en la sociedad. ¡Nos hacemos pequeñitas!

Entramos en conflicto con nosotras mismas y con los demás, ya que al no aceptarnos como personas, como mujeres, acabamos estando a disgusto con el resto del mundo.

Y sentimos qué todo nos resulta complicado "eso no lo hacen las chicas", "tú no puedes, eres una chica".
¡Nos hacemos pequeñitas!

Y pasamos a la etapa adulta pensando que somos malas, qué no seremos capaces de hacer las cosas, qué nunca nos querrá nadie, ni podremos hacer aquello que soñamos. ¡Nos hacemos pequeñitas!

Pasamos a vivir justificando nuestra existencia, "qué puedo hacer yo", "soy así", seguimos teniendo problemas con los demás, porque no decimos realmente lo que queremos decir por miedo a que nos dejen, a que nuestros peores temores se cumplan, a sentirnos solos y confirmar qué es cierto que no servimos para nada. ¡Nos hacemos pequeñitas!

Nuestros límites son mentales, las diferencias las marcamos nosotras, no somos ni más ni menos, simplemente somos.

Y lejos de ser pequeñitas, somos poderosas, fuertes, luchadoras, perseverantes y capaces de conseguir todo aquello que queramos en la vida.

Cuando te sientas pequeñita, crece!


martes, 21 de febrero de 2017

Conectados desde la desconexión


Vivimos un momento de auténtica revolución tecnológica, las nuevas tecnologías han invadido nuestro día a día y lo han hecho para quedarse.

Ya no podemos pensar en nuestro día a día sin este tipo de tecnología, en el que permanecemos en todo momento informados.

El uso de las nuevas tecnologías nos permite estar eternamente conectados, podemos dedicarle las horas que queramos.

A través de las redes sociales mostramos lo mejor de nosotros mismos o las utilizamos como medios para criticar todo lo que no nos parece bien en este mundo.

Cuando tenemos algo que decir, un pensamiento en voz alta, rápidamente lo volcamos sobre la red.
Sin duda cabe que estamos conectados, ¿pero esa conexión no nos aleja muchas veces de lo verdaderamente importante?

Vivimos conectados y en ocasiones nos sentimos solos!

Porque conectamos desde la desconexión!

En un mundo que va tan rápido la gestión del tiempo se vuelve un problema y dejamos de prestar atención a lo verdaderamente importante, la conexión debe venir desde el interior.
El sentimiento de soledad viene desde dentro y no se tapa con el exterior.
La primera conexión tiene que ser con uno mismo, desde esa conexión no hay soledad y lo demás es compartir.

Todos observamos la necesidad de sentirnos escuchados, por eso nos volcamos en las redes buscando muchas veces aquello que no estás encontrando en tu día a día. 

Hablamos tanto en las redes que descuidamos la verdadera comunicación con las personas más cercanas, con las personas que nos enriquecen emocionalmente hablando.
Buscamos el cariño en los demás sin haber encontrado el nuestro, creando mayor sentimiento de incomunicación y de distanciamiento.

Quizás nos resulte más fácil hablar desde el anonimato, que expresar nuestras verdaderas emociones, siempre por miedo a lo que nos podamos encontrar y es que cuando el corazón duele nuestro organismo enferma.

Somos seres sociables que buscamos la conexión con las personas, pero cada vez observas más aislamiento, incomprensión y soledad.

Y es que la verdadera comunicación nace del corazón, de la expresión emocional y nadie nos ha enseñado a comunicarnos de esta manera.

Así seguimos eternamente conectados...

Conecta con tu interior y conectarás con los demás sin ese sentimiento de soledad!

viernes, 10 de febrero de 2017

Las palabras bondadosas


Las palabras bondadosas son esas que salen del corazón y rozan el alma.

Las palabras bondadosas te trasladan a otra realidad, te hacen pensar, reflexionar y te invitan a soñar.

Son las que esperas cuando estás triste y entonces te acarician el corazón, ayudando a que cicatricen las heridas.

Son aquellas que cuando estás bien, acompañan a tu paz interior y te trasportan a otra dimensión.

Las palabras bondadosas son curativas, nos enriquecen como persona y nos acompañan en nuestro proceso de aceptación.

Son aquellas son las que los demás necesitan escuchar, son las que provocan ilusiones y esperanza.

Son las que iluminan el alma, generando una sonrisa. una mirada, un gesto complicidad.

Las palabras bondadosas son pocas, no hemos aprendido a utilizarlas, pues nacen de nuestro sentir y no hemos aprendido a emocionar y emocionarnos.

Las palabras hirientes predominan en nuestros días, se clavan como puñales y nos desgarran el alma, endurecen nuestros corazones, coraza en mano.

Las palabras dolorosas están en nuestra boca, cuando la razón calla y el temor acecha.

Las palabras hirientes son muchas, salen solas, desde el desprecio, desde la incomprensión, desde la envidia o los celos.

Las palabras bondadosas, mueven montañas, cambian pensamientos, mueven a la acción, te llenan de vida, torrente de agua pura y cristalina.

Estas palabras siempre se acompañan de besos, caricias, abrazos, sonrisas y miradas brillantes.

Si el mundo se llenase de palabras bondadosas, que sacase las mejores emociones, emociones compartidas de serenidad, plenitud y felicidad.

Las palabras bondadosas te hacen sentir que existes, que los demás te tienen en sus pensamientos, que te recuerdan o a algo o alguien les recuerda, que estás ahí, en una antes y un después, en el que para ellos siempre serás necesario.

Si hablamos con palabras bondadosas, quizás ya no tendríamos que soñar en mediar.

jueves, 26 de enero de 2017

El mundo necesita mediación


El mundo necesita mediación!

Todos los días recibimos noticias sobre homicidios, malos tratos, violencia de género, violencia de género, abusos sexuales a adultos y a menores.

Y la pregunta es hay más violencia ahora que antes, entiendo que ahora somos más violentos y nos estamos acostumbrando a convivir con esa violencia que ya nos nos paramos a pensar en que nos algo normal ni debe de ser algo cotidiano.

Estamos en un momento dónde debemos de poner el foco de atención en la prevención, aquí la mediación tiene mucho trabajo por delante.

Los niños son violentos porque sus padres son violentos, porque lo son sus profesores, porque los son sus compañeros, porque la sociedad lo es. Qué se puede esperar de ellos, que sigan siendo violentos. Qué se puede esperar de la sociedad del futuro, que sea cada vez más violenta.

Cómo podemos parar la escalada de violencia, sólo aprendiendo a desaprender y volviendo a aprender habilidades sociales, técnicas de comunicación, expresión de emociones, resolución de conflictos, aprender a quererse a uno mismo y educación en valores.

Necesitamos hacer un gran giro de 360º y este cambio debe de pasar por cada uno de nosotros, si nuestros niños son violentos y trabajamos con ellos desde la escuela para dotarles de herramientas de autocontrol, llegan a casa y sus padres reaccionan violentamente con ellos o perciben esa violencia a la hora de hablar de los otros, nuestro entrenamiento es en vano.

Son muchos los cambios que debemos de realizar, entender la necesidad de expresar nuestras emociones de forma controlada, la violencia genera violencia, mejorar la comunicación, las nuevas tecnologías están en algunas ocasiones generando más y más aislamiento, o dificultades de entendimiento.

Debemos de cambiar nuestro lenguaje, siempre negativo, despectivo y hostil.

Debemos aprender y aceptar la diversidad, como forma de enriquecimiento.

Debemos tener tolerancia cero contra cualquier manifestación de manipulación, chantaje emocional o algún tipo de violencia, hacia nuestra persona y hacia los demás.

Debemos de entender que nos somos seres violentos y necesitamos cambiar nuestros valores competitivos e individualistas por el altruismo y la cooperación.

Tenemos mucho, mucho camino por recorrer y no es cuestión de legislar más, no es una cuestión política, es una cuestión de humanidad, no es una cuestión de herramientas, es una cuestión de cambio cultural.

Cuando mis alumnos me preguntan por qué no funciona la mediación, siempre les doy la misma respuesta:
"vivimos en la cultura del litigio".

El mundo necesita más mediación para cambiar su cultura!

jueves, 12 de enero de 2017

Yo sin ti me muero!


¡Cuántas veces escuchamos esta expresión: "yo sin ti me muero"!

Querer a otro comienza para quererse a uno mismo, la falta de autoestima, la creencia que nuestra felicidad reside en los otros, nos aleja cada vez más de la realidad.

Quizás resida en una cuestión de género, ya en la Biblia se dice que Eva nació de la costilla de Adán, dando a entender que la mujer está incompleta sin el hombre, de ahí la necesidad de dependencia.

Cuando eres adolescente la vida gira alrededor del noviazgo, cuando tienes novio gira entonces entorno al matrimonio o a la formalización de la pareja, cuando tienes pareja se espera el nacimiento del primer hijo y cuando tienes el primero, te preguntan cuándo la parejita.

Así nuestra cultura marca cada una de las etapas de nuestra vida.

Hace no mucho tiempo la palabra "solterona" era un término despectivo para hacer mención a la persona que no tenía pareja, porque hemos aprendido que debemos siempre estar en pareja.

Entonces nos volvemos dependientes emocionalmente de los otros y eso explica nuestro sentimiento de impotencia al sentirnos solos.

Lejos de lo cultural y sin ser cuestión de género el amor es dependiente cuando la autoestima es baja "quién me querrá a mí", "no seré capaz de encontrar a nadie más", "no puedo estar solo".

El refranero español ya decía "quien bien te quiere te hará llorar", "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer" y nos lo tomamos al pie de la letra.

Le tememos a la soledad, porque no hemos aprendido a estar solos, no sabemos darnos el único cariño necesario para nuestras vidas, el nuestro.

Estar en pareja es querer compartir nuestra vida con los demás, no es depender de ellos, nuestra vida depende únicamente de nosotros, decidimos cómo somos y qué es lo que queremos hacer. Y no cambiamos por nadie ni los demás cambian, debemos aceptar cómo somos y cómo son los demás y ser únicos.

El amor no se compra se comparte, no duele despierta ilusiones, no es dependiente es compartido.

Debemos aprender a vivir con nosotros mismos, a valorar todas y cada una de las cosas que hacen, a amar lo que somos y lo que podremos ser, a compartir nuestros sueños sin renunciar a ellos por los demás.

Sin nuestro cariño no existe una buena relación de pareja, vamos a la deriva, perdemos nuestros objetivos y dejamos de saber quienes somos.

¡Es posible tener una buena relación sin renunciar a ti!

Muchos conflictos de pareja vienen derivados por la frustración de cada uno por intentar ser otro o dejar de ser uno mismo.

El amor nos hace libres, ¡vuela!