martes, 6 de diciembre de 2016

Cuando dejamos de soñar






Nunca nos conformamos con lo tenemos!

Nos pasamos la vida pensando en lo que seremos, lo que haremos o lo que llegaremos a tener.
Cuando somos niños soñamos con ser mayores para poder hacer cosas que no nos permiten hacer.
De adolescentes soñamos con cambiar el mundo, con independizarnos y vivir nuestra propia vida.
Y ya de adultos con tener prestigio, dinero y una buena profesión.
Y es que para nosotros nunca es suficiente!
Por muchas cosas que tengamos nunca las llegamos a valorar lo suficiente, pero esto no sólo nos ocurre con las cosas también nos ocurre con las personas.

Cuando dejamos de soñar vamos a la deriva, nuestros sueños son nuestras metas, nuestros objetivos, son las coordenadas que nos dirigen hacia la costa, sin sueños sin metas, nuestra vida deja de tener sentido y también la vida de los demás.

Muchas veces vemos en los demás los culpables de todos los problemas, no asumiendo nuestra parte de responsabilidad.

En nuestro afán por ser alguien que no somos, pero que creemos que debemos de ser, nuestro individualismo y egoísmo en muchas ocasiones nos lleva a no apreciar a las personas que tenemos a nuestro lado.

No podemos soportar que destaquen por encima de nosotros o que cumplan sus sueños, cuando nosotros no los hemos cumplido, así que nos convertimos en personas influyentes para los demás pero de forma negativa.

Es cierto que en ocasiones nos gustaría que los demás cumplieran nuestros sueños, así a nuestros hijos les influimos para que lleven a cabo lo que nosotros no pudimos lograr, pensando que si ellos cumplen nuestro sueño también será el suyo.

Pero en otras ocasiones, nos dedicamos a alimentar el desánimo de las personas que tenemos alrededor, "tú nunca serás nadie", "no vales para nada", "nunca podrás estudiar", tejiendo una tela de araña sobre la más absoluta convicción de que los sueños no ocurren, que la vida es así, que esto es lo que me ha tocado vivir y que soy yo la fuente de todos los problemas.

Dichas telas te atrapan en la desesperanza, en la rutina y en la resignación, terminando por no saber quién eres y por pensar que todo lo que ocurre es por tu culpa.

Pero lejos de ser el culpable o la culpable de los problemas, eres víctima y tu único delito ha sido depender de los demás para crear tu propia vida, que ya no es tuya, es la vida que los demás han querido para ti. Tu único delito ha sido dejar de soñar.

Y ahora piensas que la vida no es vida sin el otro y justificas su conducta, cuando tú eres el dueño de tu propia vida y tú decides cómo quieres vivirla.

Cuando no conseguimos lo que queremos, no dejamos que el otro lo haga, somos aniquiladores de ilusiones, lejos de ayudar al otro a conseguir lo que desea le apartamos de ese camino.

Y cuando no conseguimos lo que queremos, los demás ya no nos importan, entramos en crisis y pensamos que cambiando radicalmente nuestras vidas, conseguiremos todo, temerosos de una vida que no detiene el reloj, camino hacia el envejecimiento.

Me pregunto cuándo nos daremos cuenta que lo que nos hace sentirnos bien anida en nosotros, que valorar las pequeñas cosas nos hace sentirnos más felices y que sólo compartiendo con los demás, sin esperar nada a cambio y respetando la diversidad en el otro, alcanzaremos lo que soñamos.

El egoísmo e individualismo nos aleja de nuestros sueños, de nuestro sentimiento de vivir de forma plena nuestra vida.

Alegrarse del éxito de los demás, valorar cómo somos y cómo son los demás, no querer cambiar ni cambiar a los otros y alegrarse por las pequeñas cosas que ocurren cada día, aprendiendo a respirar, a observar y a disfrutar de cada día sin pensar qué puede pasar o qué pasó y no volverá a pasar, viviendo cada día como un nuevo despertar, un nuevo amanecer, disfrutando, más tarde o más temprano siempre termina por salir el sol.

La vida no siempre es fácil, pero nosotros decidimos!
 

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