sábado, 1 de octubre de 2016

Emociones 2.0


¡Creo en las personas! 

He escuchado estos días decir cosas tan bonitas que si tuviese alas volaría.

Y es que aún tenemos personas que son buenas por naturaleza.

Tecnología y emociones resultan términos aparentemente difíciles de conciliar, ante la nueva era digital y centrada en la inteligencia artificial puede parecer que hablar de emociones no tenga ningún sentido, pero nada más lejos de la realidad.

Las redes sociales se han convertido en un gran medio de expresión emocional, es cierto que para bien y para mal. Pero yo voy a referirme al buen uso de internet. 

A los 14 años descubrí lo que era hablar por la radio, podía hablar largas horas de forma relajada ya que sabía que nadie me estaba viendo, sólo escuchando y sentíamos y contactábamos con personas de todo el mundo que tenían algún tipo de afinidad con nuestra forma de ser. El anonimato de la voz es parecido al anonimato de las redes hoy en día. Por aquel canal también fluían emociones, por lo que acabábamos formando reuniones con el objeto de poner cara a aquellas dulces y melodiosas voces que te transmitían numerosas emociones.

Hoy en día podemos decir que las emociones se contagian y se trasmiten por redes, no ponemos voz, algunos ponemos cara, pero lo que si que hacemos es poner el alma en la escritura.

En una sociedad que vive deprisa, la necesidad de sentirte escuchado y comprendido es fundamental para paliar la soledad del día a día.Y las redes permiten sacar nuestros sentimientos y ponerlos a disposición de aquellos que nos quieran leer.

Porque no nos ven, hablamos de lo que sentimos, porque no hemos aprendido a ponernos delante de la gente y expresar lo que sentimos, de nuevo el anonimato nos ayuda en este sentido. 

Leemos y contestamos, reflexionamos y pensamos, compartimos o discrepamos, pero siempre expresamos, creamos las redes emocionales, que como las neuronas espejo, resuenan. Y esperamos que nos lean determinadas personas o les dirigimos mensajes con carga emocional, porque sentimos a través de los cables y necesitamos compartir esos sentimientos con los otros, llegamos a leer la emoción detrás de la escritura y empatizamos con aquellos que intuimos que no lo están pasando bien, o que necesitan un abrazo virtual, un sentirse querido o una carita sonriente, porque necesitamos saber que no estamos solos, que nuestra vida tiene sentido, que lo que hacemos importa, queformamos parte de una sociedad. Y lo acompañamos de emoticonos, imágenes o videos, que despierten esas emociones.

Cuando te encuentras a alguna persona en algún evento te da la sensación de conocerla desde siempre y el grado de afinidad es muy alto.

Cuando escuchas a las personas mientras les brillan los ojos y contactas con ellos a través de la mirada, las emociones se contagian.

Creo en las personas que se emocionan cuando te hablan de sus hijos, de sus parejas, de sus amigos, de sus clientes y de sus obras sociales.

Y me maravillo ante aquellos que ponen sus emociones al servicio de los demás, que aspiran a ver la sonrisa de un niño cuando da un  juguete para aquel que no lo tiene, que tiene una frase de acogida para quién lo necesita, que tiene un plato de comida demás, quien acepta al otro sin importarle su pasado, quien proporciona calor en los últimos momentos de una vida y esto me devuelve la ilusión de creer en las personas.

Las emociones se contagian y la mediación pone las bases para que sea posible.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Un mar de emociones


¡Un mar de emociones es lo que siente un mediador, a veces en calma, a veces marejada o marejadilla!

Las emociones nos inundan a los mediadores, desde el primer momento, nuestra vida está inmersa en esta montaña rusa.

Muchas veces te sientes triste al comprender al otro, otros disgustado porque las partes no se escuchan y no son capaces de ponerse de acuerdo, o felices al compartir la felicidad de los demás.

Pero las olas ondulan desde hace tiempo, cómo en el Congreso Internacional de las Palmas comiendo queso en la casa de Maspalomas de un gran anfitrión, o en las primeras Jornadas de Mediación Comunitaria en Barcelona, dónde compartimos Sònnia y yo, la noticia de la gestación de Javier. O aquella vez en la Facultad de Derecho en Valencia, cuando Jordi hablaba de resiliencia dejando mudo al auditorio, o cuando en Barcelona debatíamos los "supuestos expertos en mediación" embarazada de dos meses. El destino quiso que fuese de nuevo a Barcelona a reencontrarme con las emociones, con aquellos alumnos dispuestos a abrazarme sin pedirme nada a cambio.

Historias de trenes, de horas de conversaciones anónimas, o de aviones, cómo aquella vez en que Chicote me invitaba a correr por la terminal de Barajas para alcanzar a mi conexión.

Momentos de comidas, cenas, desayunos, algún que otro amontillado, invitando a compartir las mejores emociones y el agradecimiento por un trabajo bien hecho.

Risas, bromas, ojeras y mi eterno compañero de viaje, mi pequeñito, aquel que estuvo viajando conmigo y hoy quiere ser mediador.

Pero también lloramos y se nos va un trocito de corazón por cada persona que pasa, esperando saber con el tiempo noticias que te digan que la tormenta ya pasó.

He visto reir y llorar, he visto el dolor y la felicidad, arriba a abajo, como las olas en el mar.

Historias, mil historias...



jueves, 8 de septiembre de 2016

La vuelta al cole



Iniciamos curso académico en Infantil, Primaria y Secundaria y lo hacemos como siempre con mochilas nuevas, estuches, bolígrafos y gomas, con nuestras coletas y con las mismas ilusiones que los años anteriores.

Iniciamos el curso con asignaturas pendientes:

- violencia de género: necesitamos empoderar a las niñas, es a partir de los cinco años cuando las niñas empiezan a hacerse pequeñitas y algunas de ellas en la adolescencia pasan desapercibidas.

Necesitamos una educación desde la igualdad de género. Necesitamos saber detectar los micromachismos y aquellas palabras, aquel lenguaje y acciones que reflejan la violencia.

- Violencia entre iguales: entender la violencia como algo intrínseco al ser humano, como la única alternativa para hacerse respetar y para ser un líder, convierte a nuestros menores en víctimas de una sociedad que saca lo peor de nosotros.

Necesitamos el diálogo, la comunicación, las habilidades sociales, el control emocional, la gestión de los conflictos, la mediación, la inteligencia emocional y el mindfullness, sin dejar de lado un entrenamiento en dilemas morales.

- Ciberdelincuencia: el anonimato en las redes sociales, la intolerancia, la falta de valores morales, la carencia de autoestima y de habilidades sociales, ha convertido las redes sociales y la tecnología como una forma de hacer daño gratuito a los demás.

La educación en nuevas tecnologías, la educación en valores, el refuerzo de la autoestima y entrenamiento en asertividad y gestión emocional, nos necesarios en este ámbito.

- Alcohol y drogas: los menores a partir de los doce años se inician en el consumo del alcohol, lo hacen desde la creencia de algo que es aceptado y entendido por la sociedad como imprescindible para ser aceptado por los grupos y como vehículo de socialización. El botellón es a lo que aspiran algunos jóvenes que piensan que es la mejor iniciación para la etapa adulta y por supuesto, la mejor fórmula para el ocio y tiempo libre.

El cannabis, te hace pensar si algún joven no lo consume, lejos de entender los graves riesgos a nivel cerebral que conlleva su uso y abuso, lo utilizan para olvidar y no pensar en el momento actual que viven y en el futuro que les espera, dejando de lado cualquier pensamiento y creatividad, totalmente aniquilada por efecto de las drogas.

Necesitamos talleres experienciales, no más charlas de educación, necesitamos una formación en primera persona, que asegure el entendimiento de estas drogas y de uso.
Y por supuesto la siempre necesaria tarea educativa del resto de las drogas ilegales.

- La falta de respeto al profesorado y los compañeros: necesitamos más educación en valores, urbanismo, civismo, ética y moral, educación a la ciudadanía o tutorías, pero impregnemos las aulas de valores.
Solidaridad, convivencia, integración, respeto.

- La desmotivación por el estudio: impartir las mismas asignaturas, de la misma manera, año tras año.
Debemos introducir las nuevas tecnologías, una educación basada en la creatividad e innovación, potenciando el talento de cada alumno y respetando sus ritmos de aprendizaje.
Las aulas deberían ser los lugares más felices para los niños.



La receta para la vuelta al cole pasa por la filosofía de la mediación, el mindfullness, la inteligencia emocional, la educación en valores, la creatividad, la innovación y el emprendimiento, la inclusión y aceptación de la diversidad.

Diseñemos un modelo educativo que tenga como lema fundamental la educación en valores, ayudará a nuestros hijos a ser mejor personas.

¡Los niños deberían ir al colegio para ser felices!

martes, 30 de agosto de 2016

Un puente entre emociones


Muchas veces pensamos en qué nos diferenciamos de los animales.

Nos parecemos en que somos seres emocionales, nuestra diferencia nuestra complejidad neuronal y nuestras cogniciones.

Pero somos seres emocionales, ya que nuestro cerebro se creo para la supervivencia de la especie humana, siempre en alerta por tanto.

Cuando mediamos nos convertimos en un puente entre emociones.

El conflicto es inherente al ser humano como también lo es la emocionalidad, luego no hay conflicto sin emociones, no podemos prescindir de ellas y de nuestro funcionamiento cerebral.

Hablamos de la activación de estructuras cerebrales cuyo objetivo es la supervivencia, por tanto nuestro sistema límbico nos avisará y actuará en función de nuestra interpretación de la realidad.

Mediamos con emociones y con diversas y complejas interpretaciones de la realidad, dejar las emociones al lado, nos convierte en meros negociadores, pero no en auténticos mediadores que faciltan la comprensión y entendimiento en este caos emocional.

Nuestros mayores enemigos, nuestros miedos, aquello que tememos realmente que pueda ocurrir, la incertidumbre, la ausencia de control sobre las personas y sobre las cosas.

El caos viene de la incertidumbre, del temor al cambio, a lo desconocido, a salir de la zona de confort, a iniciar algo nuevo.

El caos y la incertidumbre contribuyen a que nuestro cerebro actúe ya que nos aleja de la supervivencia.
El control sobre las cosas y sobre las personas, nos genera la suficiente tranquilidad como para que nuestro cerebro interprete que no estamos en peligro de extinción.

Pero la vida es caos y los conflictos con los otros nos llevan irremediablemente a la incertidumbre, y la incertidumbre al miedo y el miedo a la violencia y a la agresividad.

A veces pensamos que como actuamos violentamente somos seres violentos, pero no lo somos, actuamos por miedo y para sobrevivir como especie debemos mostrar que sólo siendo fuertes, siendo agresivos y mostrando nuestro dominio y fuerza podremos sobrevivir.

¿Y no actuamos así cuando nos sentimos amenazados por los otros?

Luego es tarea del mediador, la gestión del caos y de la incertidumbre.

Es tarea del mediador la gestión de las múltiples emociones que uno pueda sentir en función de sus pensamientos, no para cambiarlos, si no para favorecer su descubrimiento y la comprensión de los otros.

Luego la mejor definición de un mediador debe ser "un puente entre emociones".


" Todos los caminos nos llevan a un lugar, pero no todos nos conducen a la paz"

martes, 12 de julio de 2016

¿Por qué perdonar?


¿Por qué perdonar cuando se nos hace tanto daño?

Hace unos años el perdón era un valor en alza.

Si bien hay personas que les cuesta por orgullo reconocer sus errores o son rencorosas para poder conceder el perdón, otras personas piden perdón por todo aquello que hacen esté bien o mal hecho.

Decía Javier Escrivá, catedrático de Derecho Eclesiástico, que en el momento actual todo se ha vuelto imperdonable.

¿Es por tanto una falta de valores religiosos o se debe a otras causas?

Lo cierto es que no deja de tener razón, cualquier cosa que nos dicen o nos hacen lo consideramos imperdonable y por tanto, aquellos que las realizan deben de ser castigados.

Pensamos que la vida no es justa, como tampoco lo son las personas que nos tratan mal y no nos aceptan como personas y acudimos a la Justicia, pensando que encontraremos la solución a nuestros problemas, que nos darán la razón, porque hoy en día todo es denunciable, porque todo es imperdonable y alguien debería hacer alguna cosa para solucionar nuestra situación.

Detrás de lo imperdonable, se encuentra el dolor, la tristeza, la rabia, el deseo de venganza, el odio. 
Emociones mal gestionadas, sentidas pero no expresadas, que van dañando el corazón.
A pesar de ser todas ellas negativas hemos aprendido que en la vida se aprende a base de golpes y que no se puede esperar nada de nadie.

¿Habrá desaparecido el perdón de nuestro vocabulario, merece la pena expresarlo?

No podemos resolver problemas desde las emociones y sentimientos negativos, porque sólo nos resta energías y nos genera enfermedades, nos separa de los demás y nos aísla del momento presente y de la apreciación de las cosas que nos recuerdan que estamos vivos.

Siempre tristes, siempre enfadados, siempre pensando que son los demás los culpables de nuestros problemas. Nunca asumimos nuestra responsabilidad, pensamos que hay cosas que se solucionan solas.

¿Pero qué hay detrás del perdón a los demás?

Nos cuesta pedir perdón a los otros porque no somos capaces de perdonarnos a nosotros mismos, simplemente por haber nacido, por estar vivo.

Nos cuesta perdonarnos a nosotros mismos por cosas que hicimos o o dejamos de hacer en el pasado, por lo que podíamos haber dicho o por lo que dijimos, por las decisiones que tomamos, por la vida que llevamos y por la vida que nos hubiese gustado llevar.

Nos cuesta renunciar al pasado, al perfeccionismo, a los deberías o tengo que hacer, nos cuesta aceptar nuestros errores y el derecho a equivocarnos, nos cuesta aceptar como somos y para qué estamos aquí.

El perdón a los demás sólo es posible desde el perdón a nosotros mismos, sólo así seremos libres.

¡Es tiempo para el perdón!


viernes, 15 de abril de 2016

Soñamos en mediación?


Esta mañana he estado compartiendo ideas, opiniones y emociones, dentro de una pequeña pero maravillosa Jornada sobre diversidad organizada por la Universidad de la Florida!

Es la primera vez que acudo a esta Jornada y para mi sorpresa me encuentro este rinconcito lleno de cojines que hablan de sueños y pienso esto es lo mío!

Y me doy cuenta que somos muchos los que soñamos, más de los que pensamos y que además tenemos sueños compartidos.

Me encanta saber que estas almohadas vienen casi todas de Magisterio, de profesores de Educación Infantil y de Secundaria, que sueñan con ser MAESTROS, porque saben el talento y potencial que tienen nuestros jóvenes y la necesidad de tener un educador, alguien que fuera de las familias les escuche y les oriente.

Son maestros que no buscan la excelencia para tener un título en su despacho, al contrario son anónimos, pero son influyentes, crean un antes y un después en nuestras vidas y en las vidas de nuestros hijos.

Todos tenemos en mente el nombre de un profesor, no porque adquiriésemos mayor conocimiento de las cosas, si no por la forma en qué las explicaba y por la atención que nos dedicaba.

Yo tengo a Ángel, mi profesor de Psicobiología en primero de carrera, que siempre me saludaba por las mañanas parándose y dedicándome la mejor de sus sonrisas.

Ángel y yo hemos acabado siendo compañeros de trabajo y en nuestra última conversación hace un año en la cafetería de profesores, me contó que él siempre ha guardado las fichas de aquellos alumnos que tenían algo especial para él, por alguna razón que no recordaba había guardado la mía. Él era influyente, siempre le aplaudían en sus clases y ahora que ya no está con nosotros, sé que está en mi corazón y en el de otros muchos alumnos.

Como docentes tenemos una gran responsabilidad con nuestros alumnos porque para bien o mal nosotros también influimos en ellos.

Compartimos la ilusión de un mundo mejor y sabemos que debemos acudir a la infancia, a la educación en valores, a la mediación entre iguales, a la integración y tolerancia entre culturas.

Esta mañana he escuchado que no debemos ser meros transmisores de conocimientos, si no debemos conseguir sembrar la semilla, para que de ellos fluya el verdadero conocimiento.

He escuchado que cuando los inmigrantes y refugiados no se sienten integrados en la distintas sociedades y culturas no tienen nada que perder y se convierten en delincuentes o terroristas, al no asumir una identidad cultural.

He escuchado a una maestra de Educación Primaria decir que le pregunta a los niños antes de dar clase, cómo se sienten y les hace escribir en un papel sus emociones y a partir de ahí, decide si dar o no la clase.

He escuchado aprendizaje en valores, aprendizaje cooperativos, gestión de las emociones, mediación, integración, diversidad.

Esta tarde he escuchado a Mohamed que con 23 años ha sido capaz de crear una Asociación que trabaja para la integración cultural, intergeneracional y realizan mediaciones comunitarias de toda índole.

Me quedo con la sensación de que vamos por buen camino, hacia un cambio de paradigma meta-cognitivo de la educación, porque ya no nos conformamos sólo con saber, buscamos, nuevas propuestas y nuevas intervenciones.

Y la mediación entiende mucho de sueños, de cambiar actitudes, de generar emociones, de influir en el otro.

Y yo sigo soñando que el cambio es posible, ahora soy yo la que recuerda a sus alumnos especiales, porque ellos también me influyen.

Termino con la frase de Mohamed: "Si yo estoy en la luna, vosotros no estáis en la tierra".

sábado, 27 de febrero de 2016

La aceptación y el perdón


Existen dos elementos clave para nuestro bienestar, la autoaceptación y el perdón.

Desde pequeños nos gusta agradar a los otros, somos seres sociables, por lo que necesitamos sentirnos aceptados por los demás, necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo.

Encontrar ese grupo de pertenencia es en ocasiones complicado, requiere de nuestra parte una gran capacidad de adaptación al grupo, pero como somos seres muy diferentes, con creencias muy diversas  y gustos distintos, en ocasiones nos cuesta más adaptarnos, por lo que dejamos de ser nosotros o tratamos en todo momento de agradar a los demás, cambiando de personalidad, de comportamiento o de actitud.

En la etapa adolescente es fácil dejar de ser nosotros e intentar ser como los demás, buscamos modelos o ídolos a los que imitar, intentamos agradar a los demás, que nos acepten. Y en esa búsqueda de identidad, si pensamos que no estamos haciendo las cosas como deberíamos, comenzamos a sentirnos mal con nosotros mismos.

Muchos de nosotros en la etapa adulta arrastramos conflictos no resueltos, nuestro pasado es presente y nos sigue preocupando la aceptación y el compromiso con los otros. Nuestras relaciones de pareja, con nuestros hijos o con nuestros amigos se vuelven dependientes, buscando siempre la aceptación de los demás y el cariño de los otros.

Hemos aprendido a renunciar a nuestros intereses a defender nuestras ideas y opiniones, a renunciar a nuestros sueños a cambio de que los demás nos acepten tal y como somos.

¿Pero cómo somos?

Somos como pensamos que los demás quieren que seamos, pero no nos sentimos con la suficiente libertad para ser nosotros mismos.

Nuestro lema ha sido: "primero los demás y después yo".

Pero la clave es descubrir que todo funciona al revés, es decir " si yo estoy bien los demás estarán bien".

Pero este descubrimiento muchas veces pasa por volver al pasado para comprender cómo nuestra forma de comportarnos y que está relacionada con la forma cómo hemos entendido el mundo.

Entonces, una vez hemos vuelto al pasado y hemos entendido nuestra forma de proceder, volvemos al presente con un propósito, aprender a aceptarnos tal y como somos, sin perfeccionismos y sin autocastigos, sabiendo que somos diferentes y que ser diferentes nos convierte en seres especiales, ya que somos únicos. 

Pero para llegar a nuestra aceptación, necesitamos un segundo componente: "el perdón".







Es mucho más fácil perdonar a los otros que a nosotros mismos, es más fácil entender que los demás se equivocan, que tienen derecho a equivocarse y poder entender sus razones.

Pero el perdón a nosotros mismos es reconocer nuestras debilidades, reconocer nuestros errores, que las cosas no son muchas veces como las vemos y que debemos aceptarnos tal y como somos.

La autoaceptación y nuestro perdón nos acerca a sentirnos en paz con nosotros mismos y con el mundo, a ser libres, a expresarnos como queremos, a ser como queremos ser, siempre desde el respeto y la tolerancia a los demás, al amor incondicional.

El conflicto con los demás, muchas veces pasa por el conflicto que tenemos con nosotros mismos, la intolerancia hacia nuestro ser, se vuelve en intolerancia hacia los demás, nuestras exigencias, se vuelven en exigencias hacia los otros, nuestra falta de respeto hace que los demás no nos valoren, nuestra falta de cariño se vuelve en odio y rechazo por lo que somos y representamos.

Si queremos resolver conflictos, resolvamos primero nuestro conflicto interior, nuestros miedos, nuestras inquietudes y desde la tranquilidad y la tolerancia, veremos aquello que los demás no ven.