jueves, 2 de abril de 2015

La belleza en el infierno




Cuando las personas se enfrentan a diversos cambios a menudo les resulta difícil adaptarse a los mismos, sienten que su mundo se les desploma, que no tienen suficientes recursos para enfrentarse a la situación. En muchas ocasiones vuelven al pasado y se quedan ancladas en él, vuelven una y otra vez a la misma situación, no permitiéndoles avanzar, centrarse en el presente y pensar en el futuro de forma optimista.

El pasado es presente, piensan que los demás son culpables de muchos de sus problemas, por lo que tienen problemas con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo.

Se sienten perdidos en una inmensa soledad, piensan que nadie les escucha, que nadie les comprende y su día a día es un gran obstáculo que superar.

El pasado les atormenta porque creen aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor" o porque quieren olvidar algo que les pasó. Y aparecen las corazas, las armaduras de hierro, para no pensar, para no sentir, para que nadie les haga daño o porque ya nada será como antes.

Pero cuando creen que no pueden más, que ya no son capaces de avanzar, de seguir hacia adelante, cuando creen que viven un infierno, se encuentran con una pequeña luz al final de un túnel, "la belleza en el infierno".

Cuando la vida se hace camino, a pesar de todas las dificultades y ante una imposibilidad aparente, nos muestra la riqueza de la naturaleza. Quizás una gota de agua es suficiente para que la flor crezca fuerte.

Después de la tormenta, el sol brilla con fuerza, el cielo se vuelve azulado y los árboles y plantas tienen un brillo especial.

Todos y cada uno de nosotros nos enfrentamos a diversas tormentas, pero también brilla el sol para nosotros.



Cuando crees que estás solo mira a tu lado y aprecia todas las cosas y personas que tengas, no vuelvas al pasado, sigue adelante y si vuelves al mismo, que sea para aprender algo positivo de lo que te pasó. Utiliza la mirada apreciativa y sal fortalecido de esta situación. 

Aprendamos a dar la mano a los demás y dejemos que los demás nos ayuden, no tengamos miedo a crecer con los otros, siempre hay una sonrisa, una mirada, un gesto que nos indica que podemos contar con los otros.

La mediación permite expresar emociones desde la tranquilidad, hablar de aquello que pensamos pero que nunca dijimos, exponer nuestros miedos, mirar hacia atrás para entender que somos supervivientes, ya que fuimos capaces de resolver problemas, de enfrentarnos a ellos y de seguir hacia delante, pero sobre todo de mirar al presente, de construir de forma positiva, el pasado forma parte de nuestras vidas, debemos aceptar cómo hemos vivido hasta ahora, pero tenemos una gran oportunidad de construir el presente y de mirar con optimismo e ilusión nuestro futuro. 

Nosotros ante las adversidades, ante los conflictos, podemos salir fortalecidos. Por eso el conflicto es una buena oportunidad para crecer como personas y en la relación con los demás. Porque somos seres sociables, que necesitamos de los otros, para compartir nuestros momentos de felicidad.

La mediación es el mejor instrumento para sacar "la belleza en el infierno".

sábado, 14 de marzo de 2015

Afecto y conflicto



La Teoría del Apego explica en muchos casos por qué se producen los conflictos interpersonales. 

Los vínculos afectivos que establecemos con nuestra madre y después con nuestro padre en la infancia determina en gran medida nuestro autoconcepto y autoestima.

La atención que recibe el bebé puede producir estrés cuando el vínculo que estable con su madre no es seguro, es decir la madre no atiende de forma afectiva al niño cuando éste lo demanda. Posteriormente los mensaje negativos o positivos que transmiten los padres al niño, no sólo influyen en su temperamento sino también en el autoconcepto y la autoestima.

Aquellos niños que no han tenido un vínculo afectivo seguro y positivo con la madre, son luego en la etapa adulta personas con grandes dificultades para expresar emociones.

Las personas que no sintieron el afecto de sus padres durante su infancia, expresan más emociones negativas y tienen más problemas con sus relaciones.

Es fácil que tengan más conflictos de pareja, ya que la falta de afecto en la infancia, les impide poder expresar de forma positiva sus emociones con el otro, tienden a repetir patrones de comportamiento. Y el afecto negativo va unido a un pensamiento negativo, a una serie de esquemas mentales, sobre lo que "debería de ser" acerca de la vida en general y en relación con los otros.  Aquí también son fundamentales las expectativas "qué es lo que espero de los otros" y el valor que le damos a las cosas. Lo que para uno es muy importante por la educación y el afecto que ha recibido, para el otro no lo es. Y esta incomprensión de una y otra parte, es origen de muchos conflictos, a veces resolubles y en otras no tanto.

El hecho de tener hijos en ocasiones aumenta más los problemas afectivos, ya que estas personas cómo no han recibido ese cariño, no saben  cómo tienen que expresarlos con los demás, por lo que por efecto de modelado, el comportamiento se va transmitiendo de padres a hijos.

La incapacidad de expresar emociones positivas aumenta la capacidad de expresar emociones negativas que genera más conflictos de relación con los demás. Más problemas para tener amigos y conocer gente nueva.

Problemas de relación con los compañeros de trabajo, ya que en ocasiones es fácil que puedan pensar que si los tratan bien, es porque están escondiendo algo que les va a hacer daño.

El "miedo a que les hagan daño" les lleva a crear una especie de máscara y a creer que hay que mantener las distancias con los demás, sólo así podrán sobrevivir, es necesario dar una imagen de ser fuerte y de poder con todo.

Las personas con un apego inseguro son más propensas a los problemas psicopatológicos, a estar tristes, a sentirse sólos, con baja autoestima, con dependencia de los demás, con déficits de habilidades sociales y por supuesto, de expresión emocional.

Por el contrario, aquellas personas con apego seguro, que tuvieron un vínculo afectivo con sus progenitores serán aquellas personas que desarrollen mayor capacidad para expresar emociones positivas y el afecto será una variable fundamental en la relación con los otros.

Si tenemos en cuenta la Teoría del Apego, podremos comprender la importancia de trabajar con los padres en inteligencia emocional como prevención de conflictos interpersonales. Aquí el entrenamiento con los futuros padres es fundamental, para que desde el principio proporcionen al niño aquello que necesita para su desarrollo físico y psíquico.

La mediación y la inteligencia emocional van unidos de la mano, ya que trabajamos con reconocimiento de emociones y gestión de las mismas. Herramientas fundamentales para la prevención de conflictos.

Sólo estando bien con nosotros mismos, podremos estar bien con los demás.







sábado, 21 de febrero de 2015

En busca de la Humanidad





"Soy testigo directo de que es posible cambiar  el mundo" Vicente Ferrer


En una conferencia en la que se hablaba de Vicente Ferrer se decía que tenía como sueño que nuestra sociedad fuera más humana. Y éste es, sin duda un sueño que comparto.

Pero se que no estoy sola y me alegra saber que mis alumnos piensan igual que Vicente y que yo, que tienen nuestras mismas inquietudes y preocupaciones y compartimos un sueño sobre el poder de lo humano. 

Ellos son el futuro y me maravilla pensar que no van a cesar en su empeño.

La neurociencia del siglo XXI expone que lo moral es instintivo, que en contra de lo que se pensaba existen en nuestro cerebro unos universales morales desde el principio de nuestra vida, por tanto hemos heredado en nuestra estructura cerebral estos universales, como el no hacer daño a alguien  y se han transmitido a través de la genética desde el origen del hombre.

Desde la filosofía ya habían filósofos que nos hablaban de que el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad la que los corrompe, quizás se referían a estos universales morales.

Para Rousseau, el hombre se movía por dos impulsos:  el amor a sí mismo y la compasión.

Como no se puede volver al pasado natural del hombre, Rousseau propone el contrato social entre el individuo y la sociedad, con el fin de armonizar la convivencia humana. Esta es la única posibilidad de regeneración moral.

¿Qué papel juega entonces el desarrollo moral?

El contexto, el ambiente potencia la activación de nuestras áreas cerebrales, un ambiente que refuerce las creencias de los valores morales, contribuirán durante la infancia y adolescencia al desarrollo moral.

Por el contrario un ambiente contrario a los valores morales, fomentará en las personas creencias contrarias inhibiendo la parte instintiva de lo moral.

¿Por qué entonces damos la espalda a la ciencia?

El hombre desde su origen es colaborativo, hecho que ha contribuido a la continuidad de nuestra especie humana.

Darwin en su libro "El origen de las especies" exponía que sólo la especie más fuerte sobrevive, quizás no entendimos bien su libro, no entendimos el verdadero trasfondo, si tenemos universales morales, han sido los encargados de nuestra supervivencia.

Si el ser humano se hubiese movido única y exclusivamente por la aniquilación del otro, posiblemente hubiésemos desaparecido como especie, pero aquí seguimos.

Quizás hay más humanidad en nosotros de lo que pensamos y estamos enfocando mal nuestra búsqueda.

La Humanidad está en nosotros, en una sonrisa, una mirada, un abrazo o beso, una palabra bondadosa.

Pero nos pesa más el dolor, lo malo, que se instala en nuestra mente y que hace que rápidamente volvamos a distorsionar nuestra imagen a un mundo más deshumanizado.

Nos pesan las palabras dolorosas, las malas miradas, las envidias, los celos, la destrucción.

Pero se nos olvida el poder de la gratitud, no es tanto lo que doy, sino lo que recibo a cambio. Por mucho que doy,  recibo mucho más a cambio.

Cuando nace un bebé se le quiere de forma incondicional, se le acepta desde el primer minuto de su existencia y no ha hecho nada para ganarse ese cariño, pero tenemos el deseo de cuidarlo y de no hacerle daño.

Quizás pasemos nuestros días buscando la felicidad en algo tangible, cuando la hemos alcanzado en el momento en que alguien de forma incondicional agradece nuestra existencia.

No seremos recordados por tener más bienes si no por cómo nos hemos comportado con los otros.

La cooperación, el trabajo en equipo, la colaboración son valores que nos reencuentran con lo humano.

La mediación como filosofía de vida nos devuelve la parte más humana de nuestra especie.


domingo, 15 de febrero de 2015

Más allá del amor





Desde el punto de vista neurológico, existen hormonas en nuestro cerebro asociadas con emociones positivas. La dopamina es la hormona relacionada con la felicidad y la serotonina regula nuestro estado de ánimo.

Cuando una persona se encuentra atraída físicamente por otra, se produce una activación de dopamina, un aumento de la serotonina y también de la producción de oxitocina, hormona que disminuye la percepción del dolor y aumenta la conexión emocional que tenemos con el otro. Desconectando la amígdala, aquella parte del cerebro que se activa frente a las emociones negativas como el miedo.

La combinación de todos estos elementos nos conduce al enamoramiento del otro. Después nuestras creencias, nuestra forma de entendernos a nosotros mismos y de entender el mundo que nos rodea, acabará determinando si he realizado una buena elección.

¿Pero qué ocurre en nuestro cerebro para que estas hormonas de la felicidad, dejen de segregar las cantidades necesarias?

¿En qué momento se activa de nuevo la amígdala?

Son preguntas necesarias, para entender el funcionamiento de nuestro cerebro y las relaciones humanas.

Quizás si somos capaces de responder a estas preguntas podremos prevenir muchos conflictos interpersonales.

¿Y si entrenásemos nuestro cerebro? es decir, si decido realizar aquellas cosas que me hacen feliz y realizo ejercicios para activar mi serotonina y cuido de mi parte eléctrica del cerebro, sin duda mis conexiones favorecerían las emociones positivas.

Partiendo del supuesto de que si yo estoy bien puedo estar bien con el otro.

¿Por qué es tan fácil cambiar rápidamente nuestras emociones a negativas?

¿Tenemos una predisposición genética para generar emociones negativas?

Todo para indicar que no es así, quizás sea algo cultural, algo que hemos aprendido.
Me explico, a lo largo de la historia hemos aprendido que la mejor defensa es el ataque, entonces nuestra amígdala está siempre activada, luego es más fácil pasar rápidamente a emociones negativas.

Esto explicaría el por qué pasamos del amor al odio, por qué olvidamos rápidamente los buenos momentos y pasamos a centrarnos en los malos. Nuestras creencias y valores, nuestra percepción de uno mismo y del otro, contribuyen a generar malas interpretaciones, que con ayuda de nuestra estructura cerebral será más fácil de interpretar como una mala repuesta, una crítica y un ataque.

¿Cuestión del otro o de cómo yo lo interpreto?

¿Estamos entrenados para generar emociones positivas con el otro?

Difícil pregunta, si mi respuesta es que en mi vida he sido feliz, habré tratado de dar felicidad al otro.

¡Aprendamos a entrenar nuestro cerebro!


domingo, 1 de febrero de 2015

EMOCIONES CONTRARIAS


¿Cuántas veces llegamos a cambiar de emociones a lo largo del día?

¿Cuántas veces nuestras emociones influyen en nuestras decisiones?

En mediación no existen ni deben de existir las prisas, ya que somos dados a tomar decisiones en base a nuestros sentimientos, que cómo bien sabemos somos dados a sentir diversas cosas en tiempos razonablemente pequeños.

Vivir, sentir, soñar...

¿Tenemos sueños realistas o son idealistas? ¿Y si son idealistas tengo propuestas concretas realistas para llevarlas a la acción?

¿Soy de las personas que me mueven y me dejo llevar, de las que no me muevo y espero el cambio en los demás o de las qué piensa que para que las cosas cambien he de empezar por cambiar yo mi actitud?

Todas estas variables junto con otras muchas de ellas, manejamos en la mediación.

En nuestra sociedad se producen cambias tan rápidamente, que nos dejamos llevar y ahora no queremos esperar para que se nos solucionen las cosas, queremos y buscamos soluciones rápidas.

Entre otras muchas cosas, porque no sabemos y no queremos sufrir, necesitamos el equilibrio homeostático de nuestras emociones, aunque cambiemos varias veces al día de emociones, hay un predominio de las emociones positivas frente a las negativas, el desequilibrio gira la balanza al otro lado.

Por estas razones, las personas que acuden a mediación necesitan sentirse lo más pronto posible mejor y nos piden rapidez en el proceso.

¿Pero cuándo es el mejor momento para mediar?

No en todas las ocasiones es el mejor momento, ya que es necesario que bajen las emociones negativas, que son las que por el desequilibrio que produce a nivel neuronal, mantenga a la persona únicamente interesada en hacer daño al otro, ya que en su cerebro se ha activado la amígdala, órgano que se activa cuando algo nos da miedo.

Cuando estamos demasiado enfadados no estamos en actitud de escuchar a nadie.

Por tanto hay que esperar un poco a que disminuya la intensidad emocional, para después ser capaces de gestionar las mismas durante el proceso de mediación.

Emociones encontradas: quiero lo mejor para mis hijos pero te deseo lo peor a ti, quiero lo mejor para mi empresa pero aunque seas un buen trabajador quiero que te marches, quiero lo mejor para mi grupo pero no quiero estar contigo, quiero lo mejor para la familia pero no quiero que formes parte de la empresa.

Son las empresas familiares los mejores ejemplos para entender que la mediación no entiende de prisas, pues es a partir de un año o más cuando empiezas a ver los resultados de aquellas sesiones que en el despacho con las EMOCIONES CONTRARIAS no parecían tener solución.


sábado, 10 de enero de 2015

Lo que siente el corazón no lo entiende la razón


Muchas veces nos llama la atención la actitud que otras personas tienen con nosotros, cómo reaccionan.

También cuando estamos mediando, nos sorprende que las personas reaccionen emocionalmente, hablando de cuestiones que, en principio nos parecen insignificantes, pero que sin duda tienen un gran valor para ellos.

Por eso es difícil llegar a acuerdos respecto a determinados puntos, dónde el valor emocional que estamos dando a las cosas o a los acontecimientos, son mucho mayores que los valores económicos o materiales.

Sin duda, para un mediador lo más difícil es saber controlar las emociones de los otros, ya sea por su desmesura, por la sorpresa que nos generan o porque está dificultando que de una forma rápida estemos encontrando la solución.

Y es que el corazón no entiende de razón.

Nosotros somos seres emocionales, el 80% de nuestras reacciones obedecen a lo emocional, pero obviando todo lo anterior comentado, esperamos encontrar una lógica a todas las cosas, una razón que justifique en todo momento nuestras decisiones y nuestro comportamiento, así como el comportamiento que tengo con los otros.

La necesidad de buscar una lógica surge de la necesidad de adaptar nuestras decisiones a nuestros esquemas mentales: lo que debería de ser, lo que se espera que haga, lo que tiene que ser el mundo, cómo deben de tratarme los demás.

El corazón no entiende de lógica, por tanto en lugar de seguir lo racional, se encamina a lo emocional y aquí surgen los conflictos que tenemos con nosotros mismos y con los demás. Los esquemas mentales no encajan, es más, muchas veces son contrarios a los sentimientos y este caos nos lleva al conflicto, tratando de buscar el equilibrio desde la lógica, buscando las mil y una explicaciones posibles o echando la culpa a los demás por no ajustarse a los cánones de la racionalidad.

Si comprendemos esto, nos ayudará a entender cómo gestionar nuestras emociones y las emociones de las personas que vienen a mediar, ayudándonos a encontrar los verdaderos intereses escondidos.

Y si no nos fuera posible, darnos cuenta de la complejidad del ser humano y de su mente, todo un misterio aún son resolver.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Lo que nos han contado


Lo que nos han contado...

Todos nosotros tenemos en nuestra memoria algún cuento, película o dibujo animado de nuestra infancia, que recordamos con mucho cariño, pues ha formado parte de una época muy importante de nuestra vida, tan importante que se queda en nuestro recuerdo.

Pero lejos de nuestros sueños y fantasías de la niñez, algunas historias se han convertido con el paso del tiempo, en una historia muy diferente de contar. 

De pequeños nos contaron que éramos princesas y que para que llegase el beso de amor verdadero debíamos de sufrir, trabajar y esperar que el destino hiciese que un día apareciese nuestros príncipe azul.

Y es entonces, sólo entonces cuando vivíamos felices y comíamos perdices, ¿pero alguien nos contó qué pasaba desde el beso hasta comer perdices?, cuando nuestra mente no tiene respuesta alguna, se la inventa y creamos un mundo perfecto, ideal. Pero la realidad de la convivencia del día a día, dista mucho de ser perfecta, ya que ni somos princesas ni los príncipes son tales, somos personas con virtudes y defectos, haciendo frente a los distintos retos que nos pone la vida por delante.

El destino, el amor romántico y el sufrimiento asociado, ha llevado y lleva a algunas mujeres a creer: "que por amor todo vale", porque todo cuento o película tiene un final feliz.

Las imágenes en las películas o dibujos de Navidad, con esas maravillosas mesas y con toda la familia reunida en los días más felices del año, han hecho crear una irrealidad entorno a la "familia ideal" y "La Navidad ideal", que cuando no se cumplen las expectativas, el mejor árbol, el mejor pavo, el mejor regalo o la mejor familia, las cosas no son como las habíamos imaginado, ya no es Navidad.

Creer en príncipes o princesas o en Navidades perfectas, de cuento de hadas, genera malestar y conflicto entre las parejas y familias, desvirtuando el verdadero mensaje de estos cuentos o películas, así como de los valores que han transmitido o transmiten.

Aceptar a los otros, responsabilizarse de nuestros conflictos y vivir el presente, son algunos de los temas que debemos abordar a través de la mediación, para lograr ese final feliz.